
El video es una de las ayudas audiovisuales más valiosas de la capacitación.
Desde siempre, una de las mejores y más efectivas ayudas audiovisuales con las que hemos contado en el campo de la capacitación es indudablemente el video, por su principal característica de representar realidades que son dinámicas y eficientes, pedagógicamente hablando, para la transmisión de contenidos relevantes para el logro de los objetivos de instrucción.
En nuestros tiempos actuales, esta valiosa herramienta se ha visto potenciada por la aparición de modernos proyectores y televisores, con una capacidad de resolución de imágenes realmente impresionante y que por su bajo costo, son accesibles para la mayoría de centros de estudios del mundo.
Uno de los principales beneficios académicos de estos equipos es precisamente el hecho de que es totalmente innecesario apagar la luz del aula para una buena visualización del video que deseamos usar para nuestros fines educativos.
Sin embargo, uno de los malos hábitos con el que se han quedado muchos Instructores es el de apagar completamente la luz del aula (como se hacía hace muchos años, porque la calidad de resolución de imágenes era muy mala), causando con ellos efectos negativos en la técnica del uso de videos en el salón de clases, como invitar al sueño de los alumnos, dificultarles el tomar notas o disminuir el contacto visual del instructor.
Lo anterior es muy importante, ya que el uso de videos tiene que tener, necesariamente, una finalidad u objetivo didáctico, debe estar ligado a una actividad académica de los alumnos (relacionada con el video) y ser relevante a los contenidos que se están tratando.
Es por ello que el instructor deberá haber visualizado previamente el video y estar familiarizado con todo su contenido, deberá motivar a los alumnos a su visualización activa, asignará a los alumnos una tarea específica durante el video (por ejemplo: “identificar la fraseología incorrecta utilizada en las comunicaciones aeronáuticas”), podrá originar un debate o trabajo en equipo después de la visualización (para una presentación de las conclusiones), deberá hacer un seguimiento y acompañamiento didáctico antes, durante y después del video, y finalmente emitirá sus propias recomendaciones y sugerencias; entre muchos otros eventos académicos que se pueden realizar, para obtener el máximo provecho de esta valiosa herramienta.

Recuerdo de Marrakech, Marruecos, 2003. IX Conferencia Mundial TRAINAIR y Simposio de Instrucción.
Como se puede evidenciar, todo lo anterior será muy difícil o imposible de hacer, si el aula está (innecesariamente en los tiempos actuales) completamente a oscuras. Es aceptable un oscurecimiento tenue, si con ello se optimiza la presentación, aprovechando que generalmente las aulas tienen la posibilidad de oscurecer por partes el salón, pero ello solo debería ser en la parte frontal y nunca con un oscurecimiento total.
Otro aspecto muy importante es la duración del video. Los mejores son aquellos que duran entre 5 a 10 minutos y nunca deberían ser mayores a 15 minutos, ya que la atención se pierde y como he mencionado anteriormente, la finalidad del video es servir para reforzar puntos relevantes del silabo o como input para un evento académico asociado con él, pero nunca para “pasar la hora”, como hacen algunos instructores que aun conservan estos malos hábitos de enseñanza.
Al respecto, debo mencionar que, según mi opinión y experiencia personal, los que mejor usan la técnica del video para fines didácticos son los profesores de idiomas, a quienes en todo caso deberíamos imitar.
Para finalizar, termino pidiéndole a todos los instructores, que la próxima vez que piensen en usar videos en el salón de clases, asegúrense de usar apropiadamente las técnicas de su uso, asocien la actividad con tareas y ejercicios para los alumnos y por favor, NO APAGUEN LA LUZ.
Para reflexionar:
“Si piensas que puedes hacer algo o que no puedes hacerlo, estás en lo correcto”
Henry Ford
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